Lo que la vida te enseña
- 8 ago 2016
- 3 min de lectura

Hoy es otro de esos días en los que tengo mil cosas que hacer y por eso os lo confieso: este va a ser un post programado y redactado durante la noche, así que perdonadme si estoy algo espeso. No es nada personal, no lo toméis como dejadez.
Cuando por suerte, las obligaciones hacen que estés hiper motivado y cargado de cosas que hacer, siempre es estimulante saber que puedo escribir y dejar que este bichejo acabe publicando por mí lo que yo he escrito.
Es como una especie de manager que se ocupa de que tu contenido se publique en redes sociales, pero en este caso es algo más serio como una entrada de blog.
Vamos a lo importante de este post porque aunque sabéis que a mí me gusta introducirlo de una manera coloquial contando mi vida, creo que habéis venido a leer algo realmente interesante que es lo que buscáis al leerme.
Tras 22 años de vida que tengo, y camino de 23, y aunque por supuesto me falta muchísimo por vivir, tengo algo que contar al mundo, y aunque no se me haya pedido opinión, voy a darla porque para eso este es el sitio donde intento escribir algo que haga pensar cada día. Años atrás vivía pensando como un chaval joven en el futuro, en lo que iba a vivir y no había experimentado todavía y en los errores que iba a cometer. Sobre todo mi cabeza se centraba en eso, en los errores.
Hoy, 8 de agosto de 2016, puedo decir que espero seguirme equivocando a menudo, porque estoy orgulloso de ser quién soy y vivir conforme a unos principios que creo que son correctos para el mundo en el que vivimos hoy. También, ver a mi madre sonriendo y orgullosa de mí, tiene un plus que el niñato de 18 años que era, no podía disfrutar.
Posiblemente en algunos temas me haya estancado o no he querido avanzar dejándolos simplemente de lado. Con muchas personas me he portado mal, e incluso fatal en algunos casos. Pero este período de 2015 a 2016 me ha hecho depurarme por dentro, sufrir por todos los errores cometidos y aprender a saber estar dónde no sabía que tenía un sitio.
Por eso, agradezco enormemente, tener personas cerca que le dan color a mi vida, a mi ciudad y a mi entorno, y que me hacen sacar emociones nuevas que creía extintas por malos ratos pasados. Sigo teniendo esa parte de cariño hacia las personas, pero en otros entornos no me he creído a nadie. Mantengo lo de ser un chico reservado, y lo sigo haciendo aún, porque pienso que no debo malgastar mi saliva ni mi tiempo en ocuparme de chorradas sin importancia para el buen desarrollo vital.
He aprendido a querer y a que me quieran por lo que soy, y no contemplo otro tipo de comportamiento. Pero también he aprendido a decir basta cuando toca y a no perder el tiempo con alguien que intenta consumirte poco a poco. Y lo hago por mí, no por nadie más.
Creo que este va a ser uno de los posts que más os va a hacer reflexionar, y me siento orgulloso, porque no todos los días puedes hacer que unas cuantas personas se replanteen su vida desde cero. Pero lo que si os puedo decir es que ya sé como completar la frase: Lo que la vida te enseña, es que no puedes perder ni un segundo de vida pensando, en vez de actuar.





































Comentarios