Menos es más
- 9 sept 2016
- 2 min de lectura
Nacemos y empezamos a vivir nuestros primeros años con aquellos que nos educan desde cero. Aprendemos como vivir, nos damos golpes contra la misma piedra y confiamos muchas veces en quien no deberíamos hacerlo. Somos humanos, cometemos errores, esa es mi conclusión.
Desde pequeños siempre estamos queriendo más y con el paso de los años, acabamos tirando aquello que quisimos sin dar opción a nada. Somos así, somos egoístas. Cuando vamos de vacaciones pasa exactamente lo mismo: tenemos un desayuno de buffet y es como que queremos llevárnoslo todo, sin parar, es el coger por coger aunque no lo vayamos a comer.
Con la tecnología somos iguales, queremos tener lo último en innovaciones, el último sistema de vídeo que haga que cuando lo subamos a Instagram exploten cerebros aunque te lo pixele del todo. Somos seres humanos con tantas ambiciones que muchas veces somos nosotros los que no podemos frenar nuestros impulsos. Pero llega ese momento de tu vida, que coincide curiosamente con el momento post-buffet en el que te das cuenta de todo lo que has deseado poseer y dentro de habita una especie de agonía absurda que aún sigo sin entender por qué aparece con tanta normalidad.
A mi modo de verlo, lo que hacemos tiene que ver con que no queremos que otro se lleve nuestro producto deseado, somos tan tontos que nos creemos rebajas sin pararnos a pensar si en realidad lo son. Las empresas juegan con nosotros porque saben que si x número de personas han tenido un impulso de comprar compulsivamente, otros cientos también lo harán. No tenéis más que pensar en la de cosas inútiles que tenéis por casa porque lo comprasteis por impulso o por un regalo que os hicieron. Yo lo siento pero me agobia tener algo que no uso cerca, me llena espacio que puede servirme de verdad y es realmente absurdo. Para que engañarnos, todos tenemos un pequeño síndrome de Diógenes cuando hacemos eso.

La pregunta que nos hacemos siempre después es: ¿En qué momento decidí gastarme el dinero en semejante mierda? Y es que llevamos por ese impulso, no pensamos en nada, solo en que nadie nos lo quite.
A nivel de personalidad, por otro lado es igual. Para mí una persona tiene más que ofrecerme cuándo tiene ciertas características que le hacen único. Una persona que dice ser mucho y luego no es ni la mitad está mintiéndose a sí mismo y a eso no le veo ningún sentido sinceramente. Yo lo veo así, si quieres gustar no busques gustar, si quieres mejorar no busques sumar, si quieres ser no busques poseer.
Porque el ser humano es egoísta y por eso considero importante esta máxima de "menos es más", porque con menos seremos más felices y cumpliremos retos, sintiéndonos mucho más orgullosos por el camino realizado durante todo el proceso.





































Comentarios